Plantar árboles nos hace felices (y en Villa del Rey lo saben) - La Colmena

Plantar árboles nos hace felices (y en Villa del Rey lo saben)

Plantar árboles podría convertirnos en seres humanos más felices. Unainvestigación de José Antonio Corraliza y Silvia Collado —psicólogos ambientales de la Universidad Complutense de Madrid—  determinó que que cuando hay árboles y plantas en los entornos residenciales y escolares se produce un efecto amortiguador sobre el ánimo. Por ejemplo,  cuanto mayor es el acceso de […]

Plantar árboles podría convertirnos en seres humanos más felices. Unainvestigación de José Antonio Corraliza y Silvia Collado —psicólogos ambientales de la Universidad Complutense de Madrid—  determinó que que cuando hay árboles y plantas en los entornos residenciales y escolares se produce un efecto amortiguador sobre el ánimo. Por ejemplo,  cuanto mayor es el acceso de los niños a las áreas naturales cercanas, mayor es su capacidad para sobrellevar situaciones adversas.

En Villa del Rey lo han descubierto.

La felicidad sí crece en los árboles. En el proyecto urbanístico de más rápido crecimiento de Daule, se han plantado, hasta septiembre de 2015, 3543 árboles. Las urbanizaciones Rey Carlos y Princesa Diana han sido de las más activas: han plantado más de quinientos árboles, en espacios comunales y en algunas casas. Están generando un ecosistema propio que eleva su calidad de vida pero, también, rescata varias especies del bosque seco tropical en peligro de extinción —pechiche, amarillo y guayacán— que se llenan de aves como gavilanes y guacamayos. Ese regreso evita que nos enfermemos. El periodista estadounidense Richard Louv lo explica con un término de su creación: síndrome de déficit de naturaleza. Según Louv, la falta de contacto con plantas, árboles y bosques, ríos y el silencio natural genera ansiedad, estrés, desconcentración y cansancio.

Las superficies sin cobertura arbórea como pavimento y veredas se calientan por la incidencia solar muchas veces hasta cincuenta grados centígrados más que el aire alrededor de ellas.

Todos sabemos —y algunos especialistas lo han explicado en detalle— que el calor puede ser más que agobiante: el heat island effect es el reflejo de onda corta que existe en las zonas transitables en la ciudades que han sido progresivamente despojadas de su cobertura arbórea: “Las superficies sin cobertura arbórea como pavimento y veredas se calientan por la incidencia solar muchas veces hasta cincuenta grados centígrados más que el aire alrededor de ellas” explica Eduardo McIntosh. “Esta energía se acumula durante todo el día y permanece hasta la noche, aumentando la temperatura real de la ciudad”. Esto causa estrés, enfermedades respiratorias, y sobre todo, tmayor gasto en aire acondicionado. Tal vez no lo sepamos, pero plantar árboles es una buena manera de ahorrar.

Hasta un conocido actor de cine ecuatoriano lo explicó en un comercial para una gaseosa: el calor nos pone mal. Los guayaquileños sabemos cuán necesario es huir del sol. En nuestro invierno, al medio día, un metro cuadrado de sombra es la Patria. Todo esto tiene una explicación científica: el contacto con los árboles nos relaja porque funcionan como escudos sónicos: reducen, la contaminación que produce el ruido. Además —de acuerdo al Programa para el Medio Ambiente de la ONU— son esenciales para proteger el suelo y mejoran el ciclo del agua: sus raíces retienen el agua lluvia, permitiendo que el agua lluvia filtre lentamente por debajo del suelo para dirigirse a los ríos. A más árboles, menos ruido. A más árboles, menor riesgo de inundaciones. A más árboles, mayor felicidad.  Y si no lo cree, vaya y véalo en Villa del Rey.


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