Una de las más hermosas reservas naturales del Guayas está en Villa del Rey - La Colmena

Una de las más hermosas reservas naturales del Guayas está en Villa del Rey

Los árboles nos curan. El contacto con la naturaleza ayuda a las personas enfermas a recuperarse más rápido y con menos efectos secundarios. Los japoneses lo saben: desde hace treinta años se alejan de la ciudad y toman un  shinrin-yoku —baño de bosque—, una terapia para aumentar la presencia de proteínas anti-cancerígenas, disminuir la presión […]

Los árboles nos curan. El contacto con la naturaleza ayuda a las personas enfermas a recuperarse más rápido y con menos efectos secundarios. Los japoneses lo saben: desde hace treinta años se alejan de la ciudad y toman un  shinrin-yoku —baño de bosque—, una terapia para aumentar la presencia de proteínas anti-cancerígenas, disminuir la presión arterial y la adrenalina. Los estudios del doctor en inmunología Qing Li, del Departamento de Higiene y Salud Pública de la Escuela Médica Nipona, revelan el efecto positivo de esta práctica en enfermedades como cáncer, trastornos mentales, estrés, ansiedad entre otras. No tener bosques cercanos tiene el efecto contrario: en el aire, hay partículas minúsculas flotando que no son visibles y que afectan a la salud de los seres humanos. En Guayaquil, en un día de alto tráfico vehicular, los 400 mil autos que circulan liberan tantos agentes contaminantes que equivaldrían a fumarse un cigarrillo diario: trescientos sesenta y cinco cigarrillos al año. Pero a treinta minutos de la mayor ciudad del Ecuador, están las ciudades para vivir. En una de ellas hay una reserva natural que es un pulmón para todos pero que beneficia, de forma directa, a las más de dos mil cien familias que viven en Villa del Rey.

Son diecisiete hectáreas de reserva. Según estudios recientes, cada hectárea de bosque puede absorber cerca de 176 toneladas de CO2 —uno de los principales gases que causan el efecto invernadero que incide en el cambio climático— y las transforma en oxígeno cada año.

La reserva de Villa del Rey tiene un potencial de reciclaje de CO2 de casi tres mil toneladas: es lo que seiscientos cincuenta carros producen al año. Ser un ciudadano de las Ciudades para Vivir es respirar aire más puro.

No hay solo un efecto ecológico directo. Hay, también, otras implicaciones: la disminución de la temperatura, el menor uso de aires acondicionados y el ahorro en la planilla eléctrica. Eso sin contar la capacidad recreativa y educativa de una reserva como ésta. Se puede encontrar una gran diversidad de animales silvestres y aves poco conocidas, como el tirano tropical que  mide aproximadamente veinte centímetros y pesa lo que pesan tres cucharadas de harina. El tirano tropical construye un nido con forma de taza fabricado con pastos, raíces y tallos, que lo puede elaborar en un árbol alto como mediano. Las ardillas, las zarigüellas, las iguanas entre otras especies, pueden disfrutar de este paraíso que está dividido en dos áreas: 13 hectáreas son parte del área de reserva, donde la protección es permanente y está prohibida la intervención del ser humano o la introducción de especies.

Las cuatro hectáreas adicionales pertenecen a la zona de restauración, donde sí se cultivan plantas y se hacen trabajos de construcción para que en un futuro cercano los residentes de las zonas aledañas puedan disfrutar de este encanto natural. Y en las ciudades para vivir, las áreas verdes son fundamentales: entre La Joya, Villa del Rey y Villa Club, hay sesenta y un hectáreas de bosque.

Eso es vital en un mundo en el que cada vez menos gente sale al aire libre, dice Verne Richard Louv en su libro Los últimos niños en los bosques: salvar a nuestros hijos del trastorno de déficit de naturaleza: En un mundo en el que la tecnología ocupa gran parte de nuestro tiempo, los árboles son una rareza que nos acercan a la felicidad. Un lujo, que en Villa del Rey, está al alcance de todos.


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