Una cancha, un club de fútbol

Algunos de los mejores equipos de fútbol nacieron con un grupo de amigos que quisieron jugar en su mismo barrio. Buenos Aires tal vez sea la ciudad en la que los barrios generan la mayor cantidad de equipos y de alto nivel. Boca, River Plate, Lanús y Vélez -solo por nombrar algunos- nacieron en la cancha de un vecindario. En Londres sucede algo parecido: Arsenal, Chelsea, Tottenham, Dulwich son todos barrios de la capital inglesa —y todos tienen su equipo. En las Ciudades para Vivir está ocurriendo algo similar: los niños se están juntando a pelotear en la cancha más cercana de su casa. Las posibilidades de armar un club de fútbol son tan grandes como el número de canchas que hay en todas las urbanizaciones de Ciudad Celeste, Villa Club, La Joya y Villa del Rey.

La cancha es una verdadera escuela: El filósofo francés Albert Camus dijo que todo lo que sabía de la moral y la vida digna lo aprendió mientras fue portero de un equipo de fútbol. Al jugar, los niños entienden de problemas cotidianos: superan frustraciones, entienden que no siempre se puede ganar y abrazan también las pérdidas. Aprenden a respetar a su rival en el triunfo y la derrota.

El deporte tiene el poder de generar grandes cambios sociales para bien. Por eso muchos gobiernos y fundaciones de alcance internacional le apuestan al fútbol como un vehículo para construir comunidades sólidas. Jugando se aprende a valorar el equipo, porque la vida no se construye sola, sino en conjunto.

En Ciudad Celeste hay dos escuelas de fútbol formando a jugadores desde temprana edad. La Academia de Giancarlo Ramos —ex   jugador profesional ecuatoriano— en La Serena, y Fusión, la escuela de Club Parque. La academia de Ramos ha logrado grandes triunfos en tan solo tres años de existencia: cuatro trofeos internacionales. Este año, los niños que integran la sub 12 del club participaron en el campeonato internacional juvenil Disney Cup, en el que quedaron en segundo puesto. No ha sido su única salida del país. El año pasado también participaron en el Miami Cup, quedando entre los tres mejores equipos del torneo.

Desde este año, en Esmeralda, otro exjugador profesional inauguró su escuela de futbol. Víctor Montoya le ha apostado a los niños de La Joya para poder, eventualmente, formar un equipo que compita en campeonatos interbarriales. Gracias a su experiencia, conoce a profundidad el medio futbolístico en el Ecuador, y uno de sus objetivos es ser el mentor de las próximas estrellas del deporte. Tener una cancha cerca de casa es una gran ventaja para perfeccionar el dominio del balón.

Próximamente en Villa del Rey, uno de los mejores técnicos que tuvo la selección ecuatoriana, entrenará a los chicos que viven en esta Ciudad para Vivir. Dusan Draskovic, junto a Duffer Alman serán los profesores de la escuela Montana Fútbol Club. Desde la cancha de Reina Beatriz, niños desde los 5 hasta los 18 años podrán acceder a un entrenamiento completo: desde técnica hasta charlas motivacionales sobre uno de los deportes de mayor influencia. El fútbol es el deporte más popular porque replica los valores de la vida: se juega como se vive, dijo alguna vez el campeón del mundo argentino Jorge Valdano. En las canchas de las Ciudades para Vivir, esos valores se transmiten.