La casa que Dorys siempre soñó tener

A sus cuarenta y cinco años, a Dorys Pareja no le da pena decir que detestaba su antigua casa. “A mi nunca me gustó y siempre lo dije. Nunca” dice sin vacilar. Vivió en Las Orquídeas cerca de veinte años. “Yo me casé y a los seis meses tuve casa” dice mientras una de sus hijas la maquilla. A pesar de que medía casi doble de lo que hoy mide su nuevo hogar en La Joya, lucía muchísimo más pequeña. En agosto de este año a Dorys le entregaron las llaves de, ahora sí, el hogar que tanto había anhelado. No es su primera, pero sí la de Gema, la más reciente urbanización de La Joya.

Dorys es una mujer emprendedora. Hasta hace poco distribuía electrodomésticos y ahora lo hace con productos de nutrición. Incursionó como comerciante independiente hace más de diez años cuando se quedó al mando de su hogar tras divorciarse. El cuidado de su vivienda fue su primera escuela de administración: era ella quien llevaba las cuentas del hogar. El mundo del comercio le dio soltura para negociar y además ser excelente vendedora. No tiene oficina propia, su nueva casa está erguida por cada una de las ventas que ella misma ha realizado a lo largo de su vida. “Siempre tuve el concepto de ahorro, y los ahorros son para invertir” dice mientras revisa un cuaderno a cuadros con cifras en pluma de varios colores. Cuando decidió que quería vivir en La Joya le dijo al asistente de ventas que la atendió que quería hablar con su jefe. Fue entonces cuando Dorys le dijo al gerente de ventas de ese entonces que tenía nueve mil dólares para la entrada y le hizo la pregunta directa: cuál sería su descuento. Ella obtuvo su descuento,por el monto de reserva y Dorys en un año pagó una entrada de trece mil. Luego de eso colgó un letrero de Se Vende a su antigua casa y con lo recaudado más algunos ahorros pagó su nuevo hogar al contado. “Ya no le debo a nadie” dice orgullosa.

Dorys se mudó a su nueva casa apenas le entregaron las llaves. No le importó no tener listos los muebles para la sala y tener las paredes peladas, sin cuadros y adornos. La va a decorar de a poco, pero le urgía estar en su nuevo domicilio. “Lo que más me gusta aquí es la tranquilidad y la privacidad”. Eligió el Modelo I porque se acopla a su familia: un cuarto para sus dos hijas, otro para su hijo, uno para ella y además un cuarto de estudio. “Ahí van a estar su computadora, sus cuadernos, no voy a tener que ver nada de eso aquí” dice desde la sala. Su casa mide cerca de 85 metros cuadrado, casi la mitad de lo que medía la que tenía en Las Orquídeas, donde, recuerda con enojo, paradójicamente, “no había espacio para nada”. La tranquilidad también se consigue confiando en los arquitectos que diseñan tu casa y le sacan el máximo provecho al espacio disponible.

Al igual que Dorys, miles de familias guayaquileñas han dejado la ciudad para vivir en La Joya. Aquí hay la seguridad que la gran urbe no les dio. “Allá en Las Orquídeas tenía una casa esquinera, robaban a cada rato” cuenta Dorys, “estas niñas no podían salir a pasear”. Cuando compró su casa, pudo elegir la ubicación exacta y eligió estar a pocos pasos del club social. Hoy sus hijas están a dos minutos de un chapuzón en la piscina del club, que es su piscina también. A Dorys Pareja le encanta su nueva casa. Y lo dice siempre, con orgullo.